martes, 8 de diciembre de 2015

Leer sí abre los ojos

Una tarde, la señora Patricia, vecina de la colonia Pedregal de Santo Domingo, decidió olvidarse de las telenovelas y, animada por su hijo adolescente, se inscribió en el café literario que se imparte los jueves en la Escuela Secundaria Técnica 49, en el corazón de esa colonia, en Coyoacán.
No fue fácil, narra, pues cuando comenzó a leer el Diario de Ana Frank, junto con otras madres de familia, guiadas por la maestra Blanca, a Patricia le daba mucha pena hacerlo en voz alta porque se equivocaba al pronunciar algunas palabras que le eran desconocidas.
Antes de esa ocasión, Patricia nunca había terminado de leer un libro. Su experiencia lectora se limitaba al periódico (y solo algunos encabezados), y una que otra revista de farándula. Pero no se dio por vencida. Su esposo también la apoyó, y continuó asistiendo semana a semana al grupo integrado por vecinos (en su mayoría mujeres).



Al cabo de varios meses llegó un reto mayor: la lectura de El laberinto de la soledad, de Octavio Paz (1914-1998). Muchas señoras ni siquiera habían oído hablar de él, pero poco a poco fueron descubriendo al poeta y ensayista. Sobre todo, se dieron cuenta de por qué Paz es el único escritor mexicano que ha recibido el Premio Nobel de Literatura.
Luego de dos años de puntual asistencia al café literario de los jueves, las señoras del Pedregal de Santo Domingo son ya todas una expertas en uno de los libros emblemáticos del autor de Piedra de Sol.
En el Laberinto de la soledad, Paz nos da hasta por debajo de la lengua cuando describe a la mujer sumisa, como un trapo, que no tiene ni voz ni voto y que nada más se piensa que está para criar hijos y atender la casa”, dice Patricia con mucha seguridad.
En ese libro, añade, “entre muchos temas, también nos habla del machismo, de la realidad de hace unos cuantos años, pero que seguimos viviendo. ¡No ha cambiado nada en México!”


Otra de sus compañeras, Eva, interviene: “me identifico mucho con la descripción que Paz hace de los mexicanos, pues es cierto, aquí no nos enseñan a leer ni a agarrar un libro, y a las mujeres sólo nos dicen que debemos casarnos y tener hijos, y más si una viene de provincia, como es mi caso. Así fue mi vida hasta que me animé a ponerme a leer. Tengo tres años asistiendo al café literario y no lo cambio por nada”.
Eva lamenta que su hijo, quien también cursa la secundaria, no haya sido lector desde pequeño, pero asegura que ha enmendado esa falta, al igual que con su hija de cinco años. Ahora cada vez que tiene un dinero extra les compra libros, aunque su muchacho es experto en descargar de Internet los títulos que le interesan en formato electrónico.
En estos días, el grupo de la maestra Blanca se encuentra leyendo Los hornos de Hitler, de Olga Lengyel. Entre todos eligieron ese libro luego de comentar la situación política por la que atraviesa el mundo. Su objetivo es entender un poco qué sucedió durante la Segunda Guerra Mundial y así descifrar los conflictos actuales.
Además de pasar la tarde compartiendo la lectura, a los participantes del café literario se les encomienda investigar algunos temas relacionados con el libro en turno. Así que no son pocas las sesiones en las que se arma un rico intercambio de información y puntos de vista.


Blanca no recibe salario extra por acompañar a esas personas ávidas por descubrir los placeres de la lectura. Lo hace porque lo considera un deber de su profesión de maestra, además de que para ella también representa un aprendizaje compartir las tardes con las señoras que se acercan a los libros con ojos nuevos y en extremo curiosos.
"Muchos compañeros me dicen que estoy loca, que no regale mi tiempo, pero a mí me causa mucha satisfacción este proyecto, por ejemplo, ver las lágrimas en algunas personas cuando acaban de leer un libro por vez primera, y saber que quieren más."
Patricia reconoce que, en un principio, la idea de pasar las tardes leyendo le causaba flojera y miedo, pero ahora, sabe que “leer sí abre los ojos, porque ya no dan ganas de ver la tele... ¿Cuál es nuestro siguiente paso? Pues ponernos a escribir nuestras propias historias, ¿verdad, maestra?”
A Blanca le brilla la sonrisa cuando escucha estas palabras. Ese es su pago, concluye.
El café literario para vecinos de la colonia Pedregal de Santo Domingo y padres de familia se lleva a cabo los jueves de 15 a 17:40 horas en la Escuela Secundaria Técnica 49 (Av. Escuinapa s/n). Informes en el plantel con la maestra Blanca Sánchez Guzmán. 

 

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