Alguna tarde de 1982, en el estudio
Azul y Plata de la XEX Radio, el locutor José Manuel Gómez Padilla
presentó a su público al debutante Luis Miguel. Era un hermoso niño
rubio de 12 años, en mallas blancas, botas negras y una casaca
púrpura, vestuario parecido al que usaba en aquel tiempo el español
Miguel Bosé. El auditorio estaba repleto de adolescentes seguidoras
del grupo Menudo, quienes vieron un poco con recelo a ese chiquillo
que apenas el domingo anterior había debutado en el programa de
televisión de Raúl Velasco. Escuchaban la entrevista con
aburrimiento. Pero cuando llegó el momento en el que el pequeño
comenzó a cantar, en vivo, todas y todos se quedaron boquiabiertos.
¡Qué voz!
Al terminar de interpretar su ya
legendario primer éxito 1 + 1 = 2 enamorados, Luis
Miguel intentó colocar el micrófono en el pedestal y no pudo, el
aparato cayó al piso, lo que hizo que el niño se apenara mucho.
Pidió disculpas al público, estaba a punto de llorar. José Manuel
(qepd) se acercó de inmediato a tranquilizarlo, lo abrazó y le
dijo: “no te preocupes, son gajes del oficio, un día el público
te querrá tanto que no le importarán estos accidentes”. Luis
Miguel sonrió, volteó a ver a las niñas que le gritaban con
euforia, volvió a hacer un gesto de agradecimiento hacia ellas y
siguió cantando.
Hace
15 años, en las páginas de La Jornada
hicimos una crónica del primero de los 17 conciertos que Luis
Miguel ofreció en febrero de 2000 en el Auditorio Nacional, en la
cual describimos a un ya desteñido y regordete cantante en
apresurados conciertos; eso sí, aún con el mayor de sus tesoros
casi intacto: su chorro de voz, no obstante “opacada por una
igualmente desmesurada vanidad”.
El
divo, escribimos, sin perder detalle nunca de su imagen reflejada en
la megapantalla colocada a sus espaldas y en los pequeños monitores
de los costados del escenario, empezó a cantar “acartonado,
escatimando las sonrisas y las palabras a su infinitamente noble y
fiel público. Luismirrey se sabe poseedor de cierto don de
titiritero, ese que consiste en hacer ondular los alaridos de los
fans con tan sólo un meneo, un puchero o el leve movimiento de sus
dedos. Son acciones que tiene perfectamente calculadas y en las que
se regodea, cual narciso embelesado, al mirarse en la pantalla
gigante”.
En
aquel concierto estaban presentes, en primera fila, por supuesto, la
hija y la esposa del entonces presidente, Ernesto Zedillo. Fueron las
únicas que merecieron una mirada y hasta un beso del cantante. Las
integrantes de un club de fans en Argentina, que por obvias razones
no asistieron al concierto cronicado, se enojaron con la descripción
que hicimos de su ídolo y que leyeron gracias a que sus colegas
mexicanas les mandaron por correo electrónico la nota en cuestión
que hablaba de los kilitos de más de Luismi (que ellas llaman
“corpulencia”), su cabello opaco, “tanto que parece peluquín o
injerto y que ni por error se toca como antes (no se le vaya a
despegar), sus dientes que de tan blancos y alineaditos parecen de
fábrica, y su eterno ceño fruncido que tiene ya las marcas de la
neurosis”. Entre las cartas de protesta que entonces recibimos,
también había admiradoras desilusionadas por un Luis
Miguel que “ha llegado tan alto, que no ha podido con su fama. Pero
quiero decir que si él está donde está es por el público que lo
apoya. Si ahora es millonario es por la gente que va a sus conciertos
y compra sus discos. Y creo que todas esas personas merecen un poco
de respeto. Empleados del hotel donde se hospedó una noche antes del
concierto en mi ciudad (en California, Estados Unidos), personas
anglosajonas, comentaron que es muy prepotente. Luis Miguel: eres una
persona muy talentosa y querida, pero tu actitud te puede acabar”.
¿A
alguien le extraña que Luis Miguel haya cancelado sus dos primeros
conciertos de esta semana en el Auditorio Nacional y de una manera
tan poco considerada con su público? Tarde o temprano iba a suceder.
Desde 2013 el artista ha venido argumentando motivos de salud para no
cumplir con algunos compromisos de trabajo. Lo sorprendente es que la
decadencia de un ídolo musical tan querido como lo es Luis Miguel no
tenga un toque de dignidad, y que no exista nadie que lo pueda
convencer de dejar de exhibir el ocaso. Es triste, pero muy probable
que este capitulo final aún vaya para largo.
