Una
tarde, la señora Patricia, vecina de la colonia Pedregal de Santo
Domingo, decidió olvidarse de las telenovelas y, animada por su hijo
adolescente, se inscribió en el café literario que se imparte los
jueves en la Escuela Secundaria Técnica 49, en el corazón de esa
colonia, en Coyoacán.
No
fue fácil, narra, pues cuando comenzó a leer el Diario de Ana
Frank, junto con otras madres de familia, guiadas por la maestra
Blanca, a Patricia le daba mucha pena hacerlo en voz alta porque se
equivocaba al pronunciar algunas palabras que le eran desconocidas.
Antes
de esa ocasión, Patricia nunca había terminado de leer un libro. Su
experiencia lectora se limitaba al periódico (y solo algunos
encabezados), y una que otra revista de farándula. Pero no se dio
por vencida. Su esposo también la apoyó, y continuó asistiendo
semana a semana al grupo integrado por vecinos (en su mayoría
mujeres).
Al
cabo de varios meses llegó un reto mayor: la lectura de El
laberinto de la soledad, de Octavio Paz (1914-1998). Muchas
señoras ni siquiera habían oído hablar de él, pero poco a poco
fueron descubriendo al poeta y ensayista. Sobre todo, se dieron
cuenta de por qué Paz es el único escritor mexicano que ha recibido
el Premio Nobel de Literatura.
Luego
de dos años de puntual asistencia al café literario de los jueves,
las señoras del Pedregal de Santo Domingo son ya todas una expertas
en uno de los libros emblemáticos del autor de Piedra de Sol.
“En
el Laberinto de la soledad, Paz nos da hasta por debajo de la
lengua cuando describe a la mujer sumisa, como un trapo, que no tiene
ni voz ni voto y que nada más se piensa que está para criar hijos y
atender la casa”, dice Patricia con mucha seguridad.
En
ese libro, añade, “entre muchos temas, también nos habla del
machismo, de la realidad de hace unos cuantos años, pero que
seguimos viviendo. ¡No ha cambiado nada en México!”
Otra
de sus compañeras, Eva, interviene: “me identifico mucho con la
descripción que Paz hace de los mexicanos, pues es cierto, aquí no
nos enseñan a leer ni a agarrar un libro, y a las mujeres sólo nos
dicen que debemos casarnos y tener hijos, y más si una viene de
provincia, como es mi caso. Así fue mi vida hasta que me animé a
ponerme a leer. Tengo tres años asistiendo al café literario y no
lo cambio por nada”.
Eva
lamenta que su hijo, quien también cursa la secundaria, no haya sido
lector desde pequeño, pero asegura que ha enmendado esa falta, al
igual que con su hija de cinco años. Ahora cada vez que tiene un
dinero extra les compra libros, aunque su muchacho es experto en
descargar de Internet los títulos que le interesan en formato
electrónico.
En
estos días, el grupo de la maestra Blanca se encuentra leyendo Los
hornos de Hitler, de Olga
Lengyel. Entre todos eligieron ese libro luego de comentar la
situación política por la que atraviesa el mundo. Su objetivo es
entender un poco qué sucedió durante la Segunda Guerra Mundial y
así descifrar los conflictos actuales.
Además
de pasar la tarde compartiendo la lectura, a los participantes del
café literario se les encomienda investigar algunos temas
relacionados con el libro en turno. Así que no son pocas las
sesiones en las que se arma un rico intercambio de información y
puntos de vista.
Blanca
no recibe salario extra por acompañar a esas personas ávidas por
descubrir los placeres de la lectura. Lo hace porque lo considera un
deber de su profesión de maestra, además de que para ella también
representa un aprendizaje compartir las tardes con las señoras que
se acercan a los libros con ojos nuevos y en extremo curiosos.
"Muchos
compañeros me dicen que estoy loca, que no regale mi tiempo, pero a
mí me causa mucha satisfacción este proyecto, por ejemplo, ver las
lágrimas en algunas personas cuando acaban de leer un libro por vez
primera, y saber que quieren más."
Patricia
reconoce que, en un principio, la idea de pasar las tardes leyendo le
causaba flojera y miedo, pero ahora, sabe que “leer sí abre los
ojos, porque ya no dan ganas de ver la tele... ¿Cuál es nuestro
siguiente paso? Pues ponernos a escribir nuestras propias historias,
¿verdad, maestra?”
A
Blanca le brilla la sonrisa cuando escucha estas palabras. Ese es su
pago, concluye.
El
café literario para vecinos de la colonia Pedregal de Santo Domingo
y padres de familia se lleva a cabo los jueves de 15 a 17:40 horas en
la Escuela Secundaria Técnica 49 (Av. Escuinapa s/n). Informes en el
plantel con la maestra Blanca Sánchez Guzmán.

